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  • Foto del escritorHernán González

Una Mirada Sobre La Regulación Cripto En Argentina

Análisis breve acerca de la realidad cripto en nuestro país


Imagen: criptonoticias.com

El mundo cripto está creciendo a un ritmo más rápido de lo que creció Internet en sus inicios. La curva de adopción del dinero digital no ha parado de agigantarse desde 2008 con la publicación del whitepaper de Bitcoin.


La ola cripto ya es imparable. La capitalización de mercado total logró superar los 3 billones de dólares (trillions, en inglés). Hemos llegado a un punto en el que no tiene sentido alguno seguir discutiendo si seguirá vigente en el futuro o desaparecerá como una simple moda.


Con los años, el ecosistema pasó de ser visto como para unos pocos nerds que entienden de tecnología a volverse masivo, con la proyección de que alcance la cifra de mil millones de personas para 2024/2025.


Pero hay un tema muy polémico que aún no tiene una solución concreta. Está difuso y es complejo de abordar: la regulación sobre criptomonedas en el mundo. En esta oportunidad vamos a concentrarnos en la situación de Argentina.


Legalidad y tratamiento en las normas


Las criptomonedas en Argentina son legales. No hay ninguna ley o norma que las prohíba y, como sabemos por la Constitución Nacional, “todo lo que no está expresamente prohibido está permitido”. En otros países, como por ejemplo China, sí están prohibidas.


Uno de los primeros acercamientos legales se dio cuando la UIF (Unidad de Información Financiera) definió en su Resolución N° 300/2014 qué eran las “monedas virtuales”, tomando lo que había conceptualizado el GAFI (Grupo de Acción Financiera Internacional) y adaptándolo para nuestro país.


Pero si nos ponemos a hilar fino, las criptomonedas por definición son monedas digitales, no virtuales. De hecho, existen clasificaciones bastante formales acerca de cuál es la diferencia entre una moneda virtual y una digital, por lo que podríamos pensar que esa resolución, en principio, no tendría aplicación para ellas.


Otro caso es el de la Ley N° 27.430 aprobada en diciembre de 2017, que incorporó la gravabilidad de las criptomonedas. La Ley de Impuesto a las Ganancias nombra a las “monedas digitales”, tomándolas como activos que pueden enajenarse y que son pasibles de gravamen.



Hasta el día de hoy (noviembre de 2021) no existe una norma que defina de manera concreta y precisa qué se entiende por “monedas digitales”. La provincia de Córdoba parecía que iba a lograr este objetivo, pero terminó metiendo un montón de conceptos diferentes dentro de una misma bolsa bajo esa denominación de manera incorrecta.

Expertos en materia tributaria en ocasiones han expresado que algunos proyectos de ley conocidos públicamente que han ingresado al Congreso de la Nación han sido redactados con un vocabulario poco acertado, escritos por personas que no han pedido asesoramiento alguno sobre el tema y que se detienen en definir al detalle conceptos que quedarán obsoletos por la dinámica de los cambios en el ecosistema.


Dificultades para recaudar… ejem… regular…


Cuando nos ponemos a analizar las operaciones que se realizan con criptomonedas, vemos que la tarea del fisco se torna compleja de ser llevada a cabo. Las criptomonedas operan a través de redes descentralizadas donde no existen intermediarios financieros, como sucede con los bancos que verifican y aprueban transacciones.


Irónicamente, la información de las transacciones en la mayoría de las redes es completamente pública y verificable por cualquier persona del mundo con una conexión a Internet. Pero hay un factor importante que influye: las operaciones son pseudónimas.


El trackeo de operaciones de una billetera es muy simple de realizar en blockchains públicas, pero sucede que una billetera crypto no lleva el nombre de quien la utiliza y resulta engorroso muchas veces matchear la identidad de una persona con la dirección de una billetera, para saber cuánto dinero movió de un lado a otro, aunque no es imposible.


A la blockchain de una criptomoneda no le interesa si el que realiza una transacción vive en Argentina, Irlanda, Alaska o Madagascar. La red está diseñada para que no importe la figura de la persona/organización detrás ni su ubicación geográfica, sino la dirección de billetera. Por este mismo motivo se complica mucho más para el fisco, quien reclama el cumplimiento de obligaciones tributarias asignándolas inequívocamente a sujetos a través de sus DNIs, CUILs, CUITs o CDIs.


Carlos Maslatón, analista financiero de mercados y early adopter de bitcoin, ha comentado en múltiples ocasiones que teniendo contacto con funcionarios políticos de todo tipo siempre aprovechó la oportunidad de decirles que “no trataran de regular a las criptomonedas porque sería un esfuerzo en vano por su característica descentralizada”.


Tributos que gravan a las criptomonedas


Los tributos que impactan sobre las criptomonedas en Argentina (al menos hasta el momento) son el Impuesto a las Ganancias, el Impuesto sobre los Bienes Personales y el Impuesto al Cheque en la esfera nacional, e Ingresos Brutos en la esfera provincial, aunque solamente aparecen Córdoba y Tucumán al momento de escribir este artículo.


Entre otros aspectos tributarios que generan debate, existe el de la fuente de las criptomonedas. Las redes criptográficas no tienen una inscripción como una empresa, no tienen una sede o un lugar de origen. No son una fintech. De hecho, Bitcoin como sistema electrónico de dinero, tiene un creador que usa el pseudónimo de Satoshi Nakamoto, por lo que no sabemos su verdadero nombre ni su origen con certeza.


El artículo 7 de la ley de Impuesto a las Ganancias toca este tema, por ejemplo, pero ¿cómo sabe la ley dónde se emite o enajena una criptomoneda si las direcciones de billeteras no tienen una ubicación geográfica? ¿Es renta gravada de fuente argentina o de fuente extranjera, sabiendo que para las criptomonedas no interesa la ubicación de quien opera? Una parte de la doctrina podría pensar en aplicar el criterio de renta mundial, pero aún sigue sin definirse legalmente.


Para Bienes Personales, por ejemplo, si se toma a las criptomonedas como bienes inmateriales al igual que una patente o una marca, estarían exentas de pagar impuesto, pero como vemos, tampoco tenemos un marco legal claro y preciso.


Regulación como beneficio


La palabra “regulación” no debería ser sinónimo de “castigo” o de “exceso de control”, como estamos habituados en Argentina. Si se regula, siempre esperamos de que sea para favorecer y no para entorpecer u obstaculizar.

Ya vimos la situación en la que se encuentra el fisco. Pero más allá de eso, ¿es importante regularlas?


Una opción sería no intentar regular en absoluto al mundo cripto, lo que implicaría que cambien algunas normativas y que no se intente recaudar más dinero con ellas, haciendo por ejemplo a bitcoin moneda de curso legal como en El Salvador, escenario en mi opinión bastante raro de que ocurra en nuestro país. La otra opción es la de regular, pudiendo verla de dos maneras: para recaudar dinero exclusivamente o para promover el uso de las criptomonedas y la tecnología blockchain reduciendo burocracias.


Como la recaudación de tributos ya es una realidad, la pregunta debería ser: ¿cómo puede regular un Estado a las criptomonedas y a la tecnología blockchain para promover los beneficios que implica sin intentar poner resistencia? ¿Cómo puede adaptarse un gobierno para buscar nuevos canales para hacer crecer una economía inmersa en una fuerte crisis?

Son preguntas sobre las cuales aún no tenemos respuestas claras.


Los bancos y los exchanges


Uno de los próximos pasos en la Argentina es que los bancos comerciales comiencen a hacer custodia de criptomonedas, al igual que un exchange centralizado, como ya sucede en otros países. De manera paralela a nuestra caja de ahorro o cuenta corriente de dinero fiat, empezaremos a ver también nuestro saldo en criptomonedas.


Pero todavía da la sensación de que los gerentes argentinos no están muy interesados en ser parte del ecosistema. Pareciera que están más ocupados en sostener el negocio bancario tradicional que en incorporar nuevas herramientas que serán de uso cotidiano en un futuro no muy lejano, soportando el sabor amargo que les genera la gran caída de su capitalización de mercado en los últimos años.


Además, al tener que acatar las reglas de entes reguladores y organismos de contralor y proveerles información, los bancos terminan persiguiendo a quienes operan criptos a través del comercio P2P, ya que les resulta más complejo diferenciar entre operaciones cripto peer-to-peer y transferencias bancarias normales, operaciones distintas a las transferencias on-ramp con las que se acredita dinero en un exchange.


Todo esto ha ocasionado un sin fin de cierres de cuentas bancarias a muchos usuarios que han intentado operar con cripto.


AFIP, por ejemplo, ya cuenta con información de todos los usuarios que operan criptos en exchanges locales pero, a pesar de ello, les solicita a éstos que actúen como “policías” y que de forma simplificada le informen quienes operan con grandes volúmenes para hacerles llegar intimaciones si no declararon o pagan de menos.


En resumen, el fisco utiliza de una u otra forma a la figura de los bancos y de los exchanges para controlar a los usuarios cripto.


“Criptomoneda” no es sinónimo de evasión tributaria, lavado de dinero o financiación del terrorismo como algunos catalogan. Pero, al parecer, el fisco entiende que si promueve la utilización de las redes descentralizadas para realizar intercambios de valor sin intermediarios se tendería a la evasión tributaria, más aún conociendo la presión fiscal que existe en países como Argentina.


Todo sea para bien…


¿Qué espero de todo esto? Que las próximas regulaciones sean principalmente para beneficiar y promover la educación, el desarrollo tecnológico y la inversión en la industria cripto, y no únicamente para perseguir a quienes operan criptomonedas, en busca de que tributen por las ganancias generadas, por su patrimonio o por su consumo.


¿Qué veo? Que por desgracia aún prima el afán recaudador, de control y no la promoción de servicios que mejoren la calidad de vida de las personas en términos no solamente financieros, sino también sociales y culturales. Por ejemplo, muchos toman la compra de dólares usando stablecoins como una hazaña, cuando en realidad debería poder accederse de manera libre sin restricción a través del mercado cambiario.



El mundo cripto viene a romper esquemas y mostrarnos otra forma de hacer las cosas. Sin lugar a dudas sería más que interesante darle espacio a alternativas superadoras de lo que ya tenemos.

Hay dos grandes caminos: liberar la economía para mejorar la calidad de vida de las personas o solamente dedicarnos a controlar, recaudar y perseguir a potenciales contribuyentes para financiar el déficit fiscal del país.


Veremos con el tiempo cómo se desarrolla en el mundo el concepto de “regulación” para poder comparar y tener de referencia cómo impactan determinadas medidas en la economía de los países y así poder elegir con un mejor criterio.


 

Hernán González

para hernancripto.com

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