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  • Foto del escritorHernán González

Criptomonedas: un paso a las finanzas descentralizadas


Como entusiasta del mundo de las inversiones y de las nuevas tecnologías, me resulta curioso a veces recibir preguntas como “¿por qué estás tan apasionado con las criptomonedas?” o “¿por qué creés que tienen futuro?”. Para responder a esto y a otras inquietudes, he decidido armar este escrito dando algunas razones acerca de por qué pretendo que cada vez más gente conozca sobre el presente y el futuro de nuestro dinero.


Una puerta que se abre lentamente


Si miramos la tele o escuchamos la radio, aun se percibe a las criptomonedas como un bicho raro. De hecho, muy poco se habla de ellas en los medios de comunicación. Todavía muchos las siguen percibiendo como algo sacado de una película de ciencia ficción. Aun se sienten muy lejanas para la mayoría de la población mundial. Sin embargo, Bitcoin ya está terminando el colegio primario: tiene casi 12 años.


De por sí, hablar de inversiones y de activos financieros implica formar parte de un pequeño porcentaje de personas (también mundial) que se interioriza sobre cómo puede resguardar y/o ganar dinero, evitando que la inflación del país en el que viven les devore el poder adquisitivo, más aun viviendo en Argentina. Por suerte, con el paso del tiempo, ese grupo va en crecimiento.


La inversión en la actualidad es muchísimo más accesible que hace 10 años y ni hablar con respecto a 30 o 40 años atrás. Los mínimos para ingresar y la variedad de activos disponibles para comprar sin moverse de casa teniendo acceso a una PC o a un celular con Internet son indudablemente puntos fuertes al día de hoy.


En Argentina, el plazo fijo en los bancos, la compra de dólares y el ladrillo han sido y siguen siendo por excelencia los “canales de inversión” de la gran mayoría de personas con capacidad de ahorro y con ánimo de progresar en su vida financiera (de hecho, no considero a la compra de dólares como inversión, sino más bien un mecanismo para combatir la devaluación del peso). En un nivel un poco más sofisticado, algunos otros han incursionado en la inversión en bolsa.


Sin lugar a dudas, la información y el desarrollo de nuevas tecnologías en los últimos años han permitido la democratización de las finanzas, generando que día tras día puedan sumarse nuevos participantes que deseen mejorar su situación y de paso aportar un grano de arena a la economía a través del mercado de capitales.


Pero dentro de todas esas posibilidades que nos ofrece el mundo de la inversión, las criptomonedas son algo especial; nos proponen una mirada distinta sobre ciertos aspectos que conocemos sobre el manejo del dinero. Vienen a hacerle frente a las estructuras actuales. Veamos algo más en detalle.


Descentralización como estandarte


Una criptomoneda es una moneda digital creada a partir de la programación informática, utilizando técnicas criptográficas. La tecnología blockchain o cadena de bloques es la que le da el sustento. Este tipo de moneda nace completamente digital y no tiene contrapartida física alguna. Podríamos hacer clasificaciones entre criptomonedas, tokens, monedas digitales y virtuales, pero eso lo dejamos para otro día.


“El dinero que tengo en mi caja de ahorro o cuenta corriente, ¿no es también una criptomoneda? Porque también es digital”… “Yo manejo el homebanking para pagar los impuestos y hago transferencias. ¿No es lo mismo?…”

La diferencia radica en que el dinero que tengo en la cuenta es simplemente una representación numérica de sumas de dinero emitidas por un banco central, lo que comúnmente denominamos moneda de curso legal. Este dinero sí tiene una forma física. Puedo, en todo caso, haber depositado efectivo en un banco para que me lo acrediten en la cuenta y luego retirarlo en efectivo a través de un cajero o un cheque, por ejemplo.


El dinero fiduciario se maneja con intermediarios y entidades de contralor por detrás, y aunque muchas veces consideramos necesario que existan regulaciones para evitar que cada quien haga lo que se le antoje en perjuicio de los demás, sabemos muy bien que detrás de muchos gobiernos u organismos que nos vigilan hay intereses personales, lo que termina siendo un gran negocio que muchas veces no se ocupa de mejorar las ineficiencias del sistema, ya que así como está “marcha” y genera enormes beneficios para algunos. Esta forma de hacer las cosas, deriva muchas veces en una de las peores manifestaciones humanas: la corrupción.


Una criptomoneda es, en esencia, descentralizada, lo que implica que ninguna entidad, persona o gobierno maneja por completo su funcionamiento. Desde un principio se establece en un white paper qué utilidad tendrá, cuál será el supply (la provisión total de monedas) y otros detalles. Y a partir de allí comienza a funcionar, con la posibilidad de agregar nuevas funciones en el futuro pero, a partir de ahora, con el consenso de la red en la cual opera. Además, la seguridad que ofrece la tecnología que da soporte al mundo crypto se ha catalogado como una de las más fuertes e invulnerables que jamás se haya diseñado (hago referencia a servicios primarios de la red).


Bitcoin se programó para que aproximadamente en el año 2140 se terminen de “emitir” 21 millones de bitcoins. Ni uno más ni uno menos. Esto implica que la oferta de esta moneda es limitada, haciéndola deflacionaria. A diferencia de ésta, una moneda emitida por un banco central, en principio, pareciera no tener límite alguno. Se estima que Estados Unidos emitió solamente en 2020 más del 20% del total de dólares que existen hoy en el mundo. Sí, así como leés.


Las decisiones de imprimir indiscriminadamente dinero han estado vigentes desde siempre y se han acentuado con la búsqueda por combatir desde el lado económico la pandemia del Covid-19 en muchos países. Estas prácticas, las cuales suelen venir de la mano de un interés político, en vez de generar riqueza, generan inflación con falsos incentivos y consecuentemente pobreza.


Eliminando el papel moneda



Se estima que Suecia, en un período de acá a 5 años, deje de utilizar el efectivo definitivamente para reemplazarlo por sistemas de pago electrónicos, ya sea por medio de bancos u otras entidades financieras.

Desde hace años, nos guste o no, el mundo viene reduciendo poco a poco el uso del efectivo. Los motivos: practicidad, costo, exactitud y seguridad. Pero como decíamos antes, por más que no manejemos efectivo seguimos utilizando dinero fiduciario que se desvaloriza con el paso del tiempo. Entonces, ¿por qué no mejor invertir ese dinero en activos que, aunque sea, tengan la posibilidad de valorizarse en el futuro?


Las monedas digitales claramente vienen a cuestionar las estructuras que venimos aceptando desde décadas en un mundo donde recién, hace unos pocos años, algunos abuelos y abuelas han comenzado a experimentar por primera vez con tarjetas de débito y crédito, aunque a muchos les sea imposible reconocer una mejor opción que cobrar su jubilación en efectivo por ventanilla, con todo lo que ello implica.


El sistema financiero actual tiene fecha de vencimiento. Los bancos no desaparecerán, pero no les quedará otra opción que transformarse y adaptarse a los nuevos cambios en el mundo del dinero. Largas colas para hacer trámites, pedir un crédito firmando miles de papeles, pagar tarifas de servicios personalmente, cobrar a través de un cajero automático, burocracias infinitas que nos hacen perder tiempo, serán en un futuro no muy lejano cosas del pasado.


Combinando beneficios


Como si fuera poco, las criptomonedas resguardan la privacidad de quienes realizan las transacciones y pueden utilizarse para fines múltiples. Desde el nacimiento de Ethereum, se abrió un abanico enorme de posibilidades, donde podemos apreciar en la actualidad una red muy saturada de nuevos desarrollos DeFi (finanzas descentralizadas). Un ejemplo de esto es el mundo de los smart contracts o contratos inteligentes, con aplicaciones desde videojuegos hasta en centros de salud, escuelas, restaurantes, aseguradoras y lo que se nos ocurra.


Sería genial poder combinar la privacidad con la tecnología, permitiendo la posibilidad de pagar con una app móvil, una computadora o a través de una tarjeta todo aquello que deseemos, utilizando además una plataforma que nos permita tener un historial de transacciones para saber cuánto nos ingresó, cuánto salió y qué saldo tenemos. Y como estamos en el siglo XXI, también queremos recibir dinero y enviarlo a cualquier parte del mundo de manera rápida, fácil y sin demasiadas complicaciones, a un costo obviamente mucho más barato de lo que me cobra un banco por transferir al exterior. Todas esas funcionalidades se resumen en una sola palabra: criptomoneda.


Cuestión de esperar


La realidad es que, al día de hoy en el mundo muy pocas personas operan cryptos, y los que lo hacemos las vemos mucho más como activos financieros que como monedas para transaccionar. Sabiendo incluso que gran parte del mundo no está bancarizado, es difícil pensar en usos masivos de criptomonedas en el corto plazo. La volatilidad de los precios espanta a muchos. El uso masivo, entre otros factores, hará que algunas monedas puedan estabilizar su precio y se las empezará a tomar en cuenta a la hora de realizar transacciones cotidianas. Tampoco sabemos con certeza cuáles quedarán vigentes o cuáles serán las preferidas por la gente para operar.


No le es simple al mundo desprenderse del dinero fiduciario como lo conocemos. Lógicamente, luego de tantos años, hay demasiados negocios consolidados alrededor de la impresión del dinero y del sistema financiero actual que muchas veces obstaculizan el desarrollo de mejores alternativas, en pos de seguir acrecentando los beneficios económicos.


Las monedas digitales no vienen a reemplazar completamente a las monedas de curso legal, pero sí van a actuar como una opción más en países donde no se las prohíba (Bolivia, Ecuador, Egipto no permiten su uso, por ejemplo), buscando atraer cada vez más usuarios ofreciendo mejores servicios que “la competencia”.


Aunque siempre hay detractores, grandes players del sector financiero e inversores de renombre han sabido reconocer el verdadero potencial que estas monedas tienen para ofrecer. Un caso clave es el del Grupo BBVA, que ha invertido fortunas en startups como Coinbase, plataforma líder en EEUU y una de las más importantes a nivel mundial de criptos, con sede en San Francisco.


Estamos en presencia de uno de los despliegues más complejos y novedosos de los últimos tiempos, que comenzó a materializarse allá por el 2009 con bitcoin, momento donde se dio inicio a su minado. Pero detrás de esto hay una tecnología que da el sustento, que es blockchain. Las criptomonedas son simplemente una sola aplicación de ésta, con intenciones de lograr un mundo más justo, libre y eficiente en el manejo del dinero, entre otras cosas.


Se viene una nueva era de desarrollos, comparable en mi opinión con Internet en los años 90, cuando muy pocos creían en el potencial que podía llegar a tener y hoy en día no podemos concebir un mundo sin conexión. Lo mismo se espera para esta tecnología que, aunque ya lleva más de una década, pareciera que recién está naciendo.


 

Hernán González

para hernancripto.com

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